MARTINI DOBLE

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La Lógica del Cangrejo: El Anticandidatismo en el Perú

Posted by martinidoble on 15 March, 2006

Tongo.jpg

¿Quiere usted ser Presidente del Perú? Pues empiece por evitar cualquier galardón, honor, calificación académica, o cualquier fuente de prestigio que el resto del planeta valore. Los peruanos evitamos con prolijidad elegir cualquier persona con credenciales que otras naciones del mundo anhelarían para sus gobernantes. La historia triste de Mario Vargas Llosa, Hernando de Soto, y Javier Pérez de Cuellar parece demostrarlo…
 

 Como todo cuarentón (permítanme la nostalgia), fui testigo de la primera elección presidencial en el Perú luego de la era velasquista. Aún recuerdo la emoción con la que mi madre y el resto de la familia celebraron la elección de Fernando Belaúnde, por quien todos mis mayores habían votado. Si yo hubiera podido hacerlo, también habría elegido a aquel hombre bonachón, de amplios mofletes y canas que le daban la apariencia de un abuelo pródigo, de vuelta al hogar luego de un exilio injusto.


 Lulu.jpgMás de un cuarto de siglo después, la amplia mayoría de peruanos (aquellos que pueden votar) parece razonar igual que yo a mis trece años. Seguimos decidiendo días o incluso horas o minutos antes de la hora límite de la elección. Seguimos votando por el reguetón de Alan, los ojos oblicuos de Fujimori, la choledad de Toledo, las nalgas de Susy Díaz, y probablemente, en el futuro, sigamos la línea: favorezcamos los chistes de Melcochita, la barriga de Tongo, el baile de Don Pedrito o las caderas de Janet Barboza. Por no hablar del guardado uniforme y los galones de comandante de Ollanta Humala, que ni siquiera le veremos puestos (a menos que, claro está, le dé por imitar a Fidel o a Chávez, posibilidad para nada descartable).

  Barboza.jpg¿Experiencia? No, por favor. Ser presidente tiene, en relación a este factor, menor exigencia que ser anfitriona o impulsadora (con todo el respeto para ellas, tan lindas). Para vender detergente de puerta en puerta o ser guachimán, a uno le piden haber desempeñado el cargo o funciones afines. En contraste, el puesto vacante de presidente es más laxo en ese aspecto.

¿Prestigio? ¡Dios nos libre! Nada peor que nuestro mandatario sea un personaje reconocido a nivel mundial (por sus méritos, no por su corrupción). Nadie mejor que un inexperto desconocido, sin equipo, partido ni contactos importantes, para conducirnos por los complicados vericuetos de la geopolítica globalizada de hoy, alguien para quien el pensamiento estratégico, las consideraciones de un estadista y la humildad esencial de un verdadero líder sean ajenas.

¿Cuál es la causa de esta sempiterna actitud en virtud de la cual, como la mal casada de la tradición, insistimos en aferrar nuestro destino político a quien no nos conviene? Sospecho que es la irreflexión y la antipatía visceral que nos genera el éxito.

Irreflexión
 
Alan_Garcia.jpgNuestro entrañable Dr. Denegri nos anuncia, apocalíptico, que la estupidez humana va en aumento en el mundo desde mediados del siglo pasado (¿o incluso desde antes?). Perú tiene su lugar en la estadística (¿cómo se mide exactamente la estupidez, Dr. Denegri?). Sucesivos gobernantes del Perú han hundido la educación, ese poderoso antídoto contra la babosada, en la más profunda de las simas jamás experimentadas por nuestros ciudadanos. En el sentido lato del término, es probable que los súbditos del Incario fueran más cultos que nosotros; es decir, poseyeran mayor y más integral sentido de su lugar en el mundo, su identidad e intereses como colectivo, y su rol dentro de una sociedad constructiva.
 
Antipatía hacia el éxito
 
Como los cangrejos del cuento, preferimos usar nuestras tenazas para arrastrar hacia abajo a todo congénere que se atreva a querer salir del balde. Por ejemplo, no es otra la raíz de la protesta multitudinaria contra los salarios de los congresistas. Hasta ahora no he escuchado a prácticamente nadie decir que no se trata de que los parlamentarios ganen menos, sino que agreguen apropiado valor a cambio de sus ingresos. La calidad no es el punto, pues si lo fuera la población sólo pediría reducción remunerativa para los malos congresistas. La premisa básica es: ¿por qué va a ganar tanto él si yo gano tan poco? Obsérvese que la queja normalmente no se expresa como: súbannos el sueldo a nosotros, los trabajadores comunes y corrientes. Es, por el contrario: bájenles la paga a ellos, los políticos.
 

Vargas Llosa era demasiado célebre y había ganado demasiado dinero y demasiados premios con su talento. Pérez de Cuellar era demasiado refinado, De Soto demasiado intelectualón y “difícil”. ¿Por qué votar por quien no es como uno? ¿Para qué consagrar el éxito ajeno con el reconocimiento propio? Más bien, castiguemos a los políticos con la morisqueta electoral de nuestros candidatos. Melchita.jpg
                                                 
Lógica del cangrejo.

 

 

 

4 Responses to “La Lógica del Cangrejo: El Anticandidatismo en el Perú”

  1. Muy buena la preocupación, pero me parece que tu análisis no enfoca bien el problema.

    La gente no vota por los títulos como bien mencionas, sino por lo muestra el candidato tanto como persona, como miembro de una agrupación. En esto cuenta sus dotes personales, así como la gente con que se rodea. Vargas Llosa fue totalmente antipático y soberbio, además de que el FREDEMO nos saturó a todos con propaganda, con su despilfarro que mucha gente, que no tenía ni para un pan, la interpretó como ofensa.

    El ilustre Pérez de Cuellar era ya muy anciano; al menos eso escuché decir a mucha gente. Hernando de Soto, a parte de que se cambió el apellido para parecer noble, se decidió a candidatear demasiado tarde…

    Entonces, cuando la gente se centra o decide su voto en función a cualidades personales del candidato, quiere decir que actua EMOCIONALMENTE.. No analiza, sólo reacciona…. Y esta reacción se basa en su experiencia de vida… En la historia del Perú ya hay demasiada decepción en la gente, producto de las mentiras, de tantos desemgaños.

    Entonces, la gente la no confía, ya no cree, por eso su reacción en contra de cualquier candidato. No analiza, no valora, no compara, sólo reaccionada y, como ha sucedido varias veces, vota en contra…

    Creo que la única elección a favor fue la de Beláunde. Pero luego la gente se decepcionó y votó contrá él eligiendo al APRA. Luego, votó en contra de Vargas Llosa, y elegió al japonés. Finalmente, votó contra el japonés y eligió a Toledo.

    Ahora votará en contra de ALAN, en primer lugar, y muy probablemente en contra de LOURDES…

    Saludos. Discùlpame por escribir tanto… el tema es interesante.

  2. No caben disculpas, sino por el contrario las gracias por prestar atención y dedicarle tiempo a la lectura del artículo. En cuanto a la observación, es al menos parcialmente válida: la emoción, sin duda, explica la conducta electoral del peruano. Lo malo es que a esa emoción no la contrapesa casi ningún tipo de análisis. Más bien al contrario: los patrones de votación en las elecciones desde 1980 parecen atribuibles en exclusiva a lo que cierto analista llama “voto hígado” (positivo en el caso de Belaúnde, negativo en todos los demás, como agudamente señalas).
    En ese sentido creo que lo dicho se sostiene, aunque tus comentarios también son totalmente pertinentes. Gracias de nuevo por leer y espero que encuentres otros artículos de tu interés en el futuro.

  3. Guille said

    Lo que hay en el Peru es cultivo y expolatación del resentimiento. Bajo la falacia de “ser del pueblo” se esconden intereses políticos que promueven la confrontación (“Lucha de clases”, “conflicto social”) para hacerse dueños de la historia y el poder. Baste escuchar los discursos de Ollanta y Alan Garcia quienes se definen como salvadores en función a la “amenaza” de la derecha, los grupos d epoder, el imperio, etc…. La lógica del tercermundismo en estado puro: si alguien es rico o tiene exito, es costa de uno.
    Si gana Ollanta o Alan… lo tendremos bien merecido. A llorar al río.

  4. muchacocha said

    Here are some links that I believe will be interested

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