MARTINI DOBLE

Blog de Reseñas de Música, Cine, Libros y Política

Y que sí: Las Crónicas de Narnia: El León, La Bruja y el Ropero

Posted by martinidoble on 14 February, 2006

Narnia.jpgOK, Martini Doble fueron al cine y vieron Las Crónicas en su primera entrega: El león, la bruja, y el ropero. Vimos a un león enorme con unas muecas muy expresivas, que casi nos hace olvidar que es un animatronic –sólo casi—. Vimos a cuatro hermanos tratando de ser ingenuos. Y vimos a Tilda Swinton (que se nos antojó fascinante y anómala en Constantine , interpretando al Arcángel Gabriel) como la Bruja Blanca, luchando por ser expresiva detrás de los motazos de maquillaje harinoso (la producción habrá comprado el makeup por containers, a niveles de superproducción) y su rol absolutamente estereotipado…

Ojo: dijimos primera entrega. Se vienen otras. Es más, por cortesía nuestra, y sólo porque a Martini no le gustó mucho el film, y le da pica tener que ver las secuelas, ahí les va un spoiler: en el futuro, los Pevensie, retrógrados e inverosímiles como ellos solos, ceden el protagonismo al animatronic felino Aslan, monarca y creador del extenso y digitalizado set de Narnia.  


Pero vamos a la reseña. En plena guerra mundial y, para mayor dramatismo, en medio de un bombardeo, los muy británicos hermanos Pevensie (los dos mayores, Edmund y Lucy, demasiado entrados en la juventud, los dos menores, el díscolo Peter y la desangelada Susie, demasiado acartonados en sus trajes boreales, tratando de hacernos recordar que son, al fin y al cabo, niños), se ven privados de todo lo que creían seguro y relegados a una existencia de arrimados precarios en la casa de un lord inglés, tenebrosa como toda mansión británica que se respete, y con una ama de llaves ídem, cuya principal ocupación es aparecerse de improviso y acosarlos.  


Mientras juegan a las escondidas (Skandar Keynes, como el grandullón Edmund, y Georgie Henley, como la crecidita Lucy, no pueden evitar verse un poco sonsonazos persiguiendo a sus hermanitos por el caserón lúgubre), la menor de los hermanos descubre un misterioso ropero que rompe el récord del doble fondo: al internarse dentro de él, Susie deja atrás el pálido reflejo de la luz exterior, luego muchas, muchas filas de abrigos de piel (¿para qué tantos abrigos de piel, todo idénticos? ¿Será este lord un maniático travestista con una monótona pasión por los mink?), y va a parar a la intemperie de un bosque nevado. Allí conoce a un fauno, a la Bruja Blanca, y al enano sirviente de aquella.   
 

En sucesivas visitas, los cuatro hermanos se internan en el permafrost de Narnia, y uno de ellos, el antipático Peter, inicialmente se pone de parte de la Bruja Blanca, sólo para desengañarse luego (torturas y prisión mediantes) y luchar junto con Edmund, Aslan y una computarizada animalia mitológica en una batalla final, en la cual obtienen la victoria y rescatan a Narnia del invierno sempiterno en que la Bruja lo tenía sumido.

 


Ninguna reseña de las Crónicas estaría completa sin una adecuada comparación de este film con la saga de Harry Potter y la Trilogía del Señor de Los Anillos. Baste decir, respecto de la primera, que no nos agrada el satanismo light y asolapado de los argumentos de J.K. Rowling, pero no podemos negar que los realizadores tienen al menos la sabiduría de sintonizar las tramas con el estadío vital de sus protagonistas: en la primera película, Harry es un niño que actúa de niño, en la más reciente, un mozo adolescente que lidia, junto a su collera, con las incertidumbres de la primera juventud; todo muy creíble dentro de su argumento central. No es así en el caso de Narnia.


En cuanto a los tres films de Peter Jackson, éstos últimos sí que logran –aunque no sea sino por cansancio y reiteración— darle una dimensión épica a lo que es, básicamente, un cuento de hadas superextendido. La tierra de Narnia no es menos feérica, pero sí más irreal y compromete menos nuestros sentimientos. Es demasiado dulzona para ser legendaria, y se toma demasiado en serio como para enganchar con el lado más infantil de los espectadores.

A nuestro entender, la falla esencial radica en el modo en que son planteados los personajes de los Pevensie. Ellos son la clave para que la incredulidad se suspenda y nos sintamos dentro de Narnia, identificándonos con ellos y sus avatares. Al parecer, ha habido una lectura demasiado literal de los libros de C.S. Lewis, autor de los libros que originaron la película. Los adolescentes del 2006 no son los de hace sesenta años
Es probable, pese a todo lo expuesto, que la saga de Narnia se convierta en un fenómeno de masas duradero, y ello sólo nos hace preguntarnos con inquietud acerca de nuestros estándares cinematográficos: ¿hasta qué punto favorecemos un film sólo por el marketing, las cajitas felices de hamburguesa, los libros, los animatronics y demás efectos especiales? ¿Podrá aún una historia sencilla, pero esencialmente buena y humana tocarnos de verdad, en la era de las superproducciones fantasiosas? ¿Hasta cuándo seguiremos yendo al cine, no a creernos los trucos sino a debatir cómo se lograron?

¿Hasta cuándo olvidará la mayoría el fondo argumental?

 

 

 

  

   

    

      

   

 

2 Responses to “Y que sí: Las Crónicas de Narnia: El León, La Bruja y el Ropero”

  1. holasss said

    pinchi cagada

  2. plomo mishy said

    chacuas mishy es su mama de plomo mishy y de bayo mishy yel es su papa de plomo mishy

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